La Tradición Esotérica y la Iniciación

Llamaremos Tradición a la Verdad Universal y Perenne transmitida desde los tiempos primordiales a la humanidad y que toma forma en diferentes doctrinas o tradiciones históricas.

El fondo último de la Tradición es la Realización Metafísica o Identidad Suprema, en la cual se supera la distancia y distinción entre “el Creador” y “la Criatura”, y éste último hace suya en virtud del “Espíritu” la Eternidad. Siendo entonces que se religa con el Principio Supremo que yacía latente en su alma como simple “chispa”, y conquista la divinización de su Ser.

La Iniciación, entendida como este proceso de transmutación interior y divinización, es el centro fundamental de la Tradición y por ende del Esoterismo. Y a través de ella se plantea la posibilidad del despertar efectivo y práctico de la dimensión Sobrenatural del alma humana. La dimensión meramente humana, natural, contingente, psíquica y telúrica del Hombre esta llamada así por el esoterismo, a ser superada

Llegado el Kali Yuga o Edad Oscura -nuestro época- se negará primero la posibilidad de dicha Iniciación mediante la exageración de los efectos del “pecado original” y la reducción del Hombre a mero compuesto de cuerpo y alma sin “chispa divina” o Espíritu en su interior que le pueda elevar. Después y en segundo lugar-ya en época contemporánea-se negará todo lo que no sea objetivable en términos cientificistas propios del empirismo más profano. Arribamos entonces a los paradigmas materialistas del Mundo Moderno. En éstos, la dimensión Sobrenatural se nos escamotea totalmente y solo nos queda la finitud y contingencia material, y por ende la búsqueda siempre provisional y nunca satisfecha del “bienestar” y la “felicidad”.

Privados de la aspiración Iniciática de nuestros ancestros, el recuerdo de su pensamiento mágico en antiguos mitos y cultos hoy casi perdidos, es brújula en el laberinto…

El ser Humano en la Tradición Esotérica

La Tradición Esotérica distingue en el ser Humano tres planos o niveles de realidad y ser: El Espíritu, el alma y el cuerpo. La clave de esta distinción radicará en su concepción del alma como cuerpo intermedio entre nuestra mera Physis-o soporte material fisiológico: el cuerpo-y nuestro Nous o Intelecto Superior. Es decir el Espíritu propiamente dicho: el Principio Supremo en nosotros.

El alma es así la Psyché, y desde ella estaríamos llamados a elevarnos a dimensión sobrenatural insita en nosotros, e imperar sobre nuestra mera dimensión natural y pulsional del sustrato físico y corporal. Dicho camino de “elevación” es la esencia de toda vía auténticamente espiritual y tradicional.

El Espíritu y conforme a esta concepción del Hombre, sería similar al atman del hinduismo, o “chispa divina” de determinado esoterismo cristiano, y se configuraría como el Centro superior, celestial y metafísico de la persona. Centro que el Hombre de la Tradición estaría llamado a conquistar para así arribar a su propia Trascendencia e Identidad Suprema. Dejando entonces atrás su mera humanidad terrena, natural y telúrica.

Este Centro Sobrenatural del Hombre debe ser conquistado conforme a un arduo camino y disciplina. Conforme a una ardua lucha interior contra nuestra Psique rebelde y egótica que apegada a sí misma, se ve atrapada sin saberlo por las cadenas ocultas del inconsciente. Este camino y lucha es propiamente la Iniciación…

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