Madrid y la sangre de San Pantaleón
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La plaza de la Encarnación es un lugar lleno de encanto en el que todavía se respira el sabor del viejo Madrid. Ante nosotros comparece el convento que da nombre a esta plaza. En su interior, conservada como un tesoro de otra de era, encontramos una maravillosa reliquia que mantiene viva la creencia en un inexplicable prodigio que año tras año, desafía a la razón. 

Prodigio que nos habla del misterio de la Encarnación al cual se consagra este convento. Misterio fundamental del catolicismo que nos relata cómo la voluntad divina se manifestó a través de la naturaleza humana de Cristo. La palabra de Dios se hizo carne, la materia se convirtió en el receptáculo de lo sagrado para vivir eternamente. 

La iglesia y el convento de la Encarnación, se levantaron en tiempos de Felipe III conforme a los designios de su esposa, doña Margarita de Austria, siendo en principio una institución que  acogería a damas de la más alta nobleza. Éstas, fueron conocidas desde entonces en Madrid como “las margaritas”.

La historia cuenta que la construcción del edificio fue impulsada por la reina en conmemoración por la expulsión de los moriscos, ordenada por su esposo Felipe III.

Se sabe, que el convento poseía un pasadizo secreto a través del cual los propios reyes podían visitarlo inadvertidamente.

En 1960, en la plaza exterior de la iglesia, se instaló una estatua de Lope de Vega, insigne fénix de las letras españolas…    

Pero fijémonos en las severas líneas del edificio y su sobria fachada  de estilo herreriano; en la rotunda austeridad de sus formas. Por un momento parecería que estamos más frente a una fortaleza, que ante un convento. Quizás sea así, pues algunos tesoros necesitan ser especialmente guardados, cobijando en su interior, valiosas realidades materiales que nos comunican con lo divino.

Este enclave, es conocido en toda la “Cristiandad” por el extraño fenómeno, para algunos milagroso, que viene sucediéndose aquí cada 27 de Julio desde hace más de 400 años.

Coincidiendo con la festividad de san Pantaleón, la sangre del santo, recogida como reliquia en una pequeña ampolla, se licua por sí sola sin aparente explicación. Finalizada la celebración, retorna paulatinamente a su estado original.

¿Quién es San Pantaleón?

Pero conozcamos primero quien es san Pantaleón. La tradición cristiana nos cuenta que siendo médico del emperador romano Maximiano, sanó por medio de la oración a un niño moribundo al que había mordido una víbora. La sanación le confirmó en su Fe llegando a plantarse frente al emperador para hacer una decidida defensa del cristianismo. El césar le conminó a abjurar so pena de muerte, y nuestro santo, como no podía ser de otra manera, se entregó alegre y confiado al martirio.

Trataron entonces de matarle con fuego, con plomo fundido, ahogándole y arrojándole a las fieras, pero en todos los casos salió ileso milagrosamente, como si estuviera protegido por la gracia divina.

Finalmente Pantaleón, permitió que lo decapitaran y su sangre derramada por amor a Dios, fue recogida por fieles cristianos que la guardaron en distintas ampollas.  Una de ellas, recalaría siglos después a Madrid…. En 1611 la ampolla con la sangre del santo llegó aquí de mano del virrey de Nápoles Don Juan de Zúñiga, quien la recibió del mismísimo papa Paulo V.

Ya desde esos primeros momentos comenzó la extraña licuación de la sangre del santo.

Cada año, la tarde del 26 de julio, comienza el prodigio que tiene su apoteosis el 27, día del propio san Pantaleón. Lo increíble es que este extraordinario acontecimiento, sigue ocurriendo a día de hoy como un proceso físicamente visible. El contenido de la ampolla nunca ha sido analizado. El día que así ocurra puede ser que surja una explicación científica, pero hasta que así sea, no podemos dejar de manifestar nuestra perplejidad por este maravilloso fenómeno.

Por otro lado se sabe que en 1724, 13 enjundiosos expertos en medicina y teología, estudiaron en profundidad el caso de la sangre de san Pantaleón, confirmando de manera indubitable su veracidad. Posteriormente, en 1989 se hizo un estudio espectroscópico del contenido de las ampollas, y los resultados señalaron la presencia de hemoglobina dentro de las cápsulas. Lo que de nuevo obligó a los investigadores a dejar entreabierta la puerta al Misterio… 

Puede ser así que aquí, en el Convento de la Encarnación, custodiados por el hermetismo que le confieren la clausura y la vida conventual, pudieran permanecer milagros y maravillas ajenos por completo al escéptico mundo moderno que habitamos.

Escepticismo que merma cuanto más sabemos acerca de este fenómeno. Se ha documentado que los únicos años que no se ha producido la licuación de la sangre siempre han coincidió con terribles catástrofes. Uno de esos aciagos momentos fue precisamente el año que estalló la Guerra Civil española.De alguna manera, el milagro que acontece con la sangre de san Pantaleón forma parte del misterio de la Encarnación. El impulso divino penetró en la materia para, a través de ella, encontrar un canal en el que revelarse ante los hombres y mostrarles un mundo de santidad más allá de lo terrenal…     

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