Ruta 24: La magia de la Laguna del Campillo y otras aguas de Madrid

Fecha: 23 de febrero (si la climatología no lo impide).
Salida: Estación metro Rivas Vaciamadrid/aparcamiento laguna del Campillo a las 10 de la mañana, y hasta las 14 horas.
Guía: Juan Ignacio Cuesta.

Reserva este viajeSorprende que la mayoría de los habitantes de Madrid, incluidos los autóctonos, ignoren casi todo sobre el pasado de una región riquísima en peripecias desde tiempos remotos.

Sumergida en un océano primordial, cuando la península Ibérica formaba parte del supercontinente de Gondwana, emergió para millones de años después, en el Cretácico, volver a hundirse en el mar. Al emerger definitivamente, fue adquiriendo poco a poco su aspecto actual, que fue esculpiéndose a partir del Plioceno, tres millones de años atrás. Así, empezaron a dibujarse los cursos hidrológicos que hoy día confluyen en la llamada Cuenca de Madrid, parte de la más grande del Tajo.

Como sabemos, todas las actividades humanas se han articulado en torno a las aguas, en este caso a las interiores, tanto en superficie como en profundidad.

campilloDurante el mioceno medio, con un clima más templado, semejante al tropical actual, la zona en la que se formó la laguna del Campillo era pantanosa, y en ella vivían animales como rinocerontes, antílopes, mastodontes o ardillas, que fueron desapareciendo a lo largo del tiempo, aunque nos quedan sus fósiles, abundantes, por ejemplo en los yacimientos de Somosaguas.

Luego, fueron ejerciéndose actividades semejantes a lo largo de los siglos, hasta llegar a los años sesenta del pasado siglo, en los que se inició la explotación mineral de la zona mediante graveras que se abrieron en junto a los cursos de los ríos Jarama y Manzanares, que confluyen un poco más al sur.

Debido a las filtraciones de la capa freática, las excavaciones fueron inundándose, hasta formar lagunas como la del Campillo o la de las Juntas.

Ambas, pero sobre todo la primera, se han convertido en los últimos años, a pesar de su formación reciente, en lugares, no sólo bellísimos paisajísticamente, semejantes a escala a las Tablas de Daimiel. Varias especies han elegido el lugar, unas 43, como gaviotas, porrones, ánades, cormoranes o zampullines, entre otras. Es sobrevolada continua y espectacularmente por gran cantidad de cigüeñas.

Para las personas sensibles es una zona donde el poder de la naturaleza envuelve al paseante, sosegándole y satisfaciéndole emocionalmente.

Así que proponemos un paseo por estos espacios singulares, donde conoceremos la riquísima historia de la zona, sus sorprendentes peculiaridades, y nos detendremos de vez en cuando para añadir al paisaje natural, alguno sonoro con instrumentos y temas adecuados (a cargo del guía y de su compañero, Joxán Ruiz).